Mañana, día 1 de Octubre, dos días después de una huelga general que desgraciadamente servirá para cambiar nada, la administración vuelve a dar una vuelta más de garrote vil a los maltrechos bolsillos de los consumidores y a las deterioradas cuentas de las pequeñas empresas. Mañana 1 de Octubre entran en vigor las nuevas tarifas eléctricas de último recurso (TUR) , la única que fija el gobierno, y que afectará a más de 20 millones de hogares y pymes. Esto pasa tres meses después que los tipos del IVA pasarán del 7 al 8% y del 16 al 18%. La verdad es que no dan tregua y han conseguido aplastar los tímidos intentos del consumo privado en el segundo trimestre por remontar la crisis y paulatinamente van enfriando la economía real y calentando cada vez más la inflación, a los consumidores y a los empresarios.
El incremento del 4,8% en el coste de la energía se debe, según el Ministerio de Industria, al alza en el precio de los combustibles y al efecto estacional del invierno, una estación en la que se dispara el consumo de electricidad, porcentaje este del 4,8% que será superior para aquellas empresas con consumos superiores a los 450KW. Pero en realidad y como todos sabemos este aumento no es nada más que otro peldaño de la empinada escalera, que ya nos empujaron a subir en el 2007 y que tiene que llevarnos a cubrir el déficit eléctrico que se estipula en un 30% aproximadamente, por lo que nos tememos que de forma recurrente en los próximos trimestres vuelvan a encarecer la electricidad , sin que tengamos alternativas más allá de reconvertirnos a la cocina de carbón o de leña. (Según los cálculos de Facua, entre julio de 2007 y enero de 2010 la electricidad ha subido un 26% del recibo medio, lo que equivale a seis veces el IPC amulado en este periodo).
El efecto de estas subidas van a tener impacto para la hostelería por dos motivos claros y directos: de entrada se desvía renta disponible para el consumo en restaurantes, cafeterías y bares, hacia las arcas de las compañías eléctricas, es decir, que el consumidor como no puede dejar de pagar la electricidad pues es de primerísima necesidad deja de gastar en otros productos y servicios entre ellos los de la hostelería. Por otra parte a nivel psicológico el incesante constreñimiento al que se ve sometido el bolsillo del consumidor por el aumento de la presión fiscal y de los costes de la vida, provoca un mayor retraimiento en la propensión al gasto, y temerosos de entrar en banca rota familiar (los que no están ya parados), esconden el dinero bajo la baldosa o el colchón. El segundo efecto, es el aumento de los costes de suministros energéticos (electricidad en este caso) para los establecimientos, factura ésta que en los últimos años ha restado alrededor de casi 2 puntos porcentuales de rentabilidad de las cuentas de los negocios de hostelería y que cada vez pesa más en los costes de funcionamiento de la hostelería. En definitiva, cada vez más la línea de los costes se acerca a la de los ingresos y al paso que va la economía española con más de 4 millones de parados, un déficit fiscal desmesurado y un consumo privado totalmente desanimado valdrá la pena buscar otras soluciones de carácter inverso pero más reales y convenientes… Han pensado que Thomas Malthus no se equivocaba del todo en sus predicciones, solo erró en el hecho de afirmar un futuro déficit de alimentos, cuando en realidad tenemos un déficit de servicios sociales, de administración de recursos y de gobernantes competentes que sepan afrontar el real aumento de la población española en los últimos años. Pero de ello ya hablaré en otra ocasión pues no quisiera parecer un catastrofista apoyándose en el oportunismo de la situación y de la reciente huelga.
Josep Mª Vallsmadella
Director y fundador de Gestionrestaurantes.com
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