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La segunda juventud del Bar Velódromo
Autor:Elena Cabezas y Sabrina Martínez Fecha:15-10-2009
Resumen: El mítico local barcelonés vuelve a abrir sus puertas de la mano de Cervezas Moritz. Completamente restaurado, Bar Velódromo mantiene su esencia original, marcada por su decoración y oferta de café-bar-restaurante. Poco queda en la ciudad Condal de aquella gauche divine que se agolpaba en sus mesas y las conversaciones de los estudiantes que ansiaban la caída de Franco han dado paso a debates sobre la crisis económica. El público y la ciudad han cambiado, pero el Velódromo permanece intacto. ¿Seguirá siendo seductora su fórmula? Tradición y modernidad son sus nuevas señas de identidad. Dos conceptos que ha adoptado con mucho éxito Cervezas Moritz en los últimos años. “Estamos seguros que la tendencia a recuperar espacios históricos irá en alza, ya que la gente aprecia mucho estas iniciativas. Restaurar un local histórico como el Velódromo es una forma de vincular los espacios con las personas de forma especial”, aseguran fuentes de la cervecera barcelonesa, que ha encontrado en el Velódromo una nueva e interesante plataforma de comunicación.

Velódromo actualLas puertas del Velódromo se abrieron ha mediados de verano y, en opinión de los responsables del local, su acogida entre el público barcelonés no ha podido ser mejor: “Ha habido una respuesta excelente, desde el primer día el local se ha llenado de gente y está funcionando según lo previsto”.

Pero para comprender la relevancia del Bar Velódromo en el panorama barcelonés es imprescindible conocer su historia. El fundador de Bar Velódromo fue Manuel Pastor Boné, hijo de un matrimonio procedente de Rubielos de Mora (Teruel), que se trasladó a Barcelona a principios del siglo pasado en busca de mejores perspectivas económicas. Manuel Pastor y Pilar Boné compraron un local en el chaflán entre Muntaner y Londres donde abrieron un bar llamado Casa Manolo. Manuel Pastor hijo no quiso hacerse cargo de Casa Manolo y compró un solar justo al lado del negocio que habían fundado sus padres (Muntaner con el Passatge Pellicer). Poco después, el joven contrató a un arquitecto con la idea de edificar un espacio funcional. Su afición por el ciclismo y la cercanía del “Parque de los Sports”, un velódromo que había existido hacia 1909, proyectado por el arquitecto Raspall y que no duró demasiado tiempo, dieron nombre al Bar Velódromo.

El local, que abrió el año 1933, fue decorado con colores cálidos y madera, una mezcla que aunaba el estilo clásico y el art- decó. Estaba distribuido de manera que el entresuelo le otorgaba encanto y evitaba que se descubriera todo en un solo vistazo. El acceso a la planta superior era una escalera de caoba situada en el centro del local. Según los que vivieron la experiencia, el Bar Velódromo tenía un punto de misterio y era agradable, hospitalario y cómodo.

El establecimiento estaba abierto prácticamente siempre y lo frecuentaba gente de una cierta categoría. Ofrecía calidad, un trato familiar y un rincón para todo el mundo. Incluso había billares, un juego con mucha tradición en la Barcelona de la época, obra del reconocido maestro ebanista Monforte.

Antiguo VelódromoLa Guerra Civil Española afectó al funcionamiento del Bar Velódromo. A pesar de no posicionarse en ninguno de los dos bandos, Manuel Pastor Boné fue acusado de republicano, y esto le obligó a cerrar el bar durante tres meses. “Fue sometido a interrogatorios e, incluso, llegó a ingresar en el calabozo de Vía Laietana, lugar del que fue liberado posteriormente gracias a un vecino militar que declaró en su favor”, recuerdan desde Cervezas Moritz. Todos estos acontecimientos llevaron a Manuel a modificar algunos aspectos del bar, como el horario, dejando de estar abierto noche y día, y eliminando el servicio de restaurante, pero siempre manteniendo el estilo que caracterizaba el local. Sus muros acogieron durante los convulsos años de la Guerra Civil y el Franquismo episodios de gran trascendencia histórica: “en la Guerra Civil, se reunieron en él los miembros del Gobierno de la República que se exiliaron en Barcelona y en 1951 acogió al Comité organizador de la Huelga de Tranvías que sufrió la ciudad”, cita Montse Comabella, responsable de marketing de Moritz.

Durante décadas acogió a amantes de las tertulias, políticos e intelectuales, hasta el punto que la izquierda barcelonesa lo convirtió en uno de sus feudos. En 1977 las mesas del Velódromo vieron nacer la revista L’Avenç.

Con el tiempo, el Bar Velódromo tenía un abanico de clientes fieles a su “café Manolín”, a los que se iban añadiendo las nuevas generaciones. De este modo, sin renunciar en ningún momento a su estilo, el local supo afrontar las modas, plantando cara a la competencia, los cambios de usos y costumbres y el paso del tiempo. “En los 80 y los 90 el Velódromo se consolidó como uno de los locales de ocio nocturno de moda de la zona alta de Barcelona. Nuestra intención es conseguir esta misma aceptación y convertirse en uno de los locales más emblemáticos de la ciudad”, rememoran desde Moritz.

En 1935 nació Manuel Pastor Salvat. El hijo de Manuel Pastor Boné tomó el relevo al frente del Bar Velódromo hasta su jubilación, en el verano del año 2000. Fue en ese momento cuando la cervecera Moritz se interesó por el mítico bar y decidió adquirirlo para su restauración.

Una elección para nada casual

Antiguo VelódromoEl poderío de la cervecera Moritz quedó patente ya durante la presentación del local a los medios en el mes de julio. En la convocatoria, a la que asistieron numerosas personalidades, entre las que se encontraba el antiguo propietario del local, los asistentes pudieron contemplar la ya característica flota de Seat 600 serigrafiados con los logotipos de Moritz y diversos coches de época. El Alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, fue el encargado de accionar las persianas metálicas que dan acceso al nuevo Velódromo como símbolo de la comunión del local con la ciudad.

El acto de inauguración da pistas de por donde van los tiros en esta nueva etapa, no sólo para el Velódromo, sino también para Cervezas Moritz que, en los últimos tiempos, ha sabido potenciar una imagen de marca retro-chic con una gran aceptación. En este aspecto, la política de comunicación del Velódromo, correrá a cargo de Moritz, por lo que se seguirá un modelo muy similar al que sigue la compañía, basando sus acciones “no tanto en la publicidad sino en las Relaciones Públicas”, llevando a cabo actividades que aporten otros contenidos al establecimiento, pero sin supeditarlos a la actividad del bar restaurante, que, según la responsable de marketing de la firma, “es la más importante”.

Pero, ¿por qué una cervecera toma la decisión de hacerse con el Velódromo? “Creemos que el Velódromo puede convertirse en una plataforma de comunicación, donde podamos realizar actos propios. Moritz reivindica tradición y modernidad, algo de lo que el Velódromo es un claro exponente”, aseguran desde la nueva empresa propietaria del negocio.

Bar Velódromo, hoy

Antiguo VelódromoTeniendo en cuenta el peso histórico que, durante décadas, ha tenido el local en la agenda del ocio barcelonés, la duda sobre si su oferta será capaz de seducir a las nuevas generaciones es obligada. “El perfil de los clientes del Velódromo es de todas las edades. Hemos adaptado la esencia del Bar-Restaurante de los años 40 pero adaptado a los gustos y tendencias del siglo XXI, por lo que tienen cabida tanto los antiguos clientes del Velódromo, que son muchos, como los que no lo han conocido en épocas pasadas”, afirma Montse Comabella. Así, el Bar Velódromo busca volver a reunir a todos los públicos que antiguamente llenaban el local, desde literatos a miembros destacados de la gauche divine barcelonesa, pasando por toda una colección de públicos que le daban su estilo personal. Sin embargo, desde la cervecera matizan que, al mismo tiempo, también apuestan “por atraer al público más joven que no ha conocido el local”.

De esta manera la propuesta hostelera recupera un clásico prácticamente desaparecido en la capital catalana: la posibilidad de disfrutar a cualquier hora del día o de la noche, de una variada oferta gastronómica. Un “365 x 24” que aspira a convertir el Bar Velódromo en un auténtico meeting point.

 “Las características del local ya une, de alguna manera, el pasado con el presente. Es un establecimiento mítico, con mucha historia, que se ha rehabilitado para conservar lo mejor pero, al mismo tiempo, adecuándolo a nuestros tiempos. Esto permite que se sientan Antiguo Velódromocómodos tanto los antiguos clientes, como los nuevos, sean de Barcelona o de fuera”, según la responsable de marketing de Moritz, al tiempo que se muestra convencida de que “el Velódromo tiene una personalidad única que por sus características no puede compararse a ningún otro local de Barcelona”.

Actualmente, el equipo que trabaja en el local está formado por 60 personas. “De momento no tenemos previsto variar esta cantidad, aunque dependerá de las necesidades que vayan surgiendo”, añaden desde Moritz. Se trata de un perfil “joven y profesional”, ya que “en el Velódromo el servicio está al nivel de la cocina, por lo que el proceso de selección es fundamental para conseguir este equilibrio”.

Pero, ¿es realmente el momento de plantearse un proyecto de esta envergadura? “La reapertura del Velódromo se planteó en el año 2000, año en el que se adquirió el local, por lo que no se consideró la crisis”, admiten desde Cervezas Moritz. Y es que, a pesar de dar a conocer la decisión de reabrir el local hace más de 2 años, la inauguración del nuevo Velódromo se fue postergando para decepción de los muchos nostálgicos que, desde el primer momento, recibieron la noticia con alegría. La nueva empresa propietaria atribuye el retraso a la necesidad de “solucionar cuestiones relacionadas con los requerimientos técnicos del espacio que retrasaron la finalización de las obras”, aunque finalmente todos los obstáculos han podido solucionarse.

Las claves del “lifting” del Velódromo

Velódromo actualSeis años de laboriosos trabajos han sido necesarios para que este mítico local del Ensanche Izquierdo de Barcelona volviera a abrir sus puertas en julio. El local, que cuenta con capacidad para 200 personas aproximadamente, ha sido remodelado íntegramente por el equipo del estudio Pilar Líbano, el cual ha ampliado su superficie, creando nuevos espacios, dotándolo de nuevas tecnologías de climatización, acústica, iluminación y ambientación. “La reforma respeta los valores de las distintas épocas de la evolución del espacio. Se han restaurado los elementos más visibles y característicos del diseño original de 1933: la escalera y las barandillas de caoba, las cornisas teñidas por la nicotina, los estantes de espejo de la barra, el billar original de los años 30 y gran parte del mobiliario”, explica Montse Comabella.

La cervecera tuvo desde el principio la intención de recuperar el aspecto original art-déco para convertirlo en punto de encuentro del mundo cultural barcelonés, como ya fue en el pasado, mediante su oferta gastronómica y las diversas actividades culturales y artísticas que tiene previsto albergar. La finalidad de esta rehabilitación no fue cambiar su aspecto, ya que lo que siempre se ha pretendido es que el emblemático establecimiento mantuviese su autenticidad y volumetría. No obstante, se han incluido toques de modernidad para reforzarlo.

Velódromo actualDe los años 80 y 90 se han conservado la barra principal de formica y acero cromado y la fachada de la entrada de acero con el emblemático grafismo del pop y algunas frases sobre el cristal de los ventanales, como “bocadillos calientes”.

Los colores originales, marrón y verde, se mantienen, potenciando con verde claro agua y gris oscuro, para proporcionar un ambiente de frescor y calidez. La iluminación indirecta contrasta con los nuevos apliques de los pilares y las cinco luces de globo de vidrio que recuerdan a los antiguos casinos. Los pavimentos de mármol de enorme formato de color gris, negro y verde contrastan con los pavimentos de acero del altillo.

Una novedad es la nueva barra de acero y mármol para cócteles para potenciar la noche. El mobiliario recuperado del siglo pasado se ha tapizado con los nuevos colores verde agua y rojo.

Carles Abellán, tras los fogones del Velódromo

Al frente del proyecto se encuentra el reputado chef Carles Abellán. Desde Moritz explican que se han asociado con Carles Abellán para sacar adelante, no sólo la gastronomía, sino también la dinámica lúdica del Bar Velódromo. “Es una referencia indiscutible en el panorama gastronómico barcelonés y catalán, que desde siempre ha creído en la oferta del bar y de las tapas”, precisan desde Moritz. La oferta gastronómica consta de bocadillos, tapas, raciones de platos de cocina catalana dispensando un promedio de 3.000 raciones diarias. Respecto a la oferta lúdica, durante los primeros meses tras la reapertura de Bar Velódromo ya ha tenido lugar algunas acciones, como presentaciones de libros o ruedas de prensa. Una de las más destacadas, ha sido la inauguración del Salón Modafad, un certamen de moda que Moritz patrocina desde 2004. Carles Abellán“Nuestra intención es ir ampliando y diversificando esta oferta paralela a la actividad del bar restaurante”, detalla la responsable de marketing de la compañía cervecera.

Formado en El Bulli, Carles Abellán es propietario de diversos establecimientos gastronómicos en la ciudad y es especialmente reconocido por el exitoso Comerç 24, que ostenta una estrella Michelin. Con Abellán al frente del proyecto, se pretende recuperar un clásico ya desaparecido de la ciudad: la oferta de un café-bar-restaurante donde ninguno de estos conceptos predomine sobre otro. Una oferta que se desgrana con propuestas para todas las horas del día y para todos los bolsillos. Desde desayunos de tenedor a las 6 de la mañana para aquellos que han alargado la noche o se han levantado muy temprano, a vermuts familiares los domingos o cenas a la una de la madrugada. Abellán ofrece además, una carta de platos de cocina catalana que arrancará desde primera  hora de la mañana hasta la última de la madrugada.

Bar Versalles, la remodelación que no funcionó
Además de Bar Velódromo, en la ciudad Condal se encuentran otros ejemplos de recuperación de locales de restauración con un importante valor histórico. Uno de los más recientes es el del Versalles. El propietario de este emblemático bar, situado en un edificio modernista del corazón del distrito de Sant Andreu desde su apertura, en 1928, decidió traspasar el local a uno de sus camareros en el año 2004. Eduard Colomé, emprendió una profunda remodelación para devolver al Versalles el esplendor de su época dorada, en la que acogía a bohemios y burgueses de noche y a obreros de día. Sin embargo, la recuperación de la arquitectura de inspiración modernista y los desayunos de cuchara y tenedor no fueron suficientes para sufragar la gran inversión efectuada y, en mayo de 2009,  el nuevo propietario del Versalles, agobiado por las deudas, echaba el cierre definitivo al célebre local del número 255 de Gran de Sant Andreu con Pons i Gallarza. De poco han servido, hasta el momento, las recogidas de firmas de los vecinos del barrio para tratar de recuperar este emblemático espacio que, a pesar de haber sobrevivido a la Guerra Civil, el Franquismo y la Transición, no ha podido afrontar la actual crisis económica.

A pesar de que sus trayectorias han discurrido en paralelo durante décadas, las semejanzas entre el Velódromo y el desaparecido Versalles acaban en el valor histórico y sentimental de ambos lugares, ya que tanto la ubicación del primero (en la zona alta de Barcelona), como su financiación y publicidad (procedente de la gran cervecera catalana), hacen presagiar un futuro mucho más prometedor para el recién recuperado Velódromo que el que, por desgracia, ha sufrido el Versalles.   

Elena Cabezas
Sabrina Martínez

 



Velódromo actual

Antiguo Velódromo

Antiguo Velódromo

Antiguo Velódromo

Antiguo Velódromo

Velódromo actual

Velódromo actual

Carles Abellán
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