Un Matassa francés, un Cabernet Sauvignon elaborado en Australia y un Chardonnay llegado de los Estados Unidos son sólo algunas de las pequeñas estrellas que forman parte del particular universo de Monvínic, la última aventura empresarial emprendida por Sergi Ferrer-Salat. Situado en el corazón del Eixample barcelonés, se trata de un local sorprendente tanto por su concepto como por su original proyecto de interiorismo. En un momento en el que el universo del vino no cesa de ganar adeptos ávidos de degustar y de aprender, Monvínic abre sus puertas en la capital catalana para fomentar con rigor y respeto, pero siempre en un entorno natural, desinhibido, festivo y cercano, este mundo tan apasionante. La bodega es el eje vertebrador y la razón de ser de este proyecto que se inauguró el pasado 3 de julio tras seis años de duro trabajo para ponerlo en marcha. Una bodega que, tras años de incesante y apasionada búsqueda, ve la luz con el deseo de poner al alcance de todos los curiosos y amantes del vino una selección sin igual de botellas representativas de las principales regiones vitivinícolas que se extienden por los cinco continentes del planeta. Una fantástica selección de vinos avalada por el conocimiento, experiencia y años de profesión que caracteriza el equipo de sumilleres con los que cuenta Ferrer-Salat y que lideran Isabelle Brunet y César Cánovas.
Monvínic nace con el objetivo de convertirse en un punto de referencia a nivel internacional como centro divulgador de la cultura del vino. Un espacio pionero que ha visto la luz con la ilusión de abrir las puertas a una selección única de vinos de todo el mundo y, también, al por qué y cómo de cada botella. Monvínic es un espacio de rotundo y funcional diseño contemporáneo, ideado por Alfons Tost y su equipo de Accions, en el que cada elemento ha sido cuidado hasta el más mínimo detalle de modo que el vino, y todo el cosmos que le rodea, se convierta en el protagonista principal. Volvamos a su verdadera estrella: la bodega. Es un fiel reflejo de la increíble diversidad y sorprendente dinamismo que emana hoy en día del universo vínico. Abierta al mundo y alejada de todo tipo de convencionalismos, los vinos de las zonas más novedosas gozan de una presencia que no tiene nada que envidiar a la de las ya conocidas regiones clásicas por antonomasia.
En el equipo de Monvínic impera un grandísimo respeto por la tradición pero también una inquietud constante por descubrir y por dar a conocer a todos el trabajo de las legiones de “vignerons” capaces de producir vinos arrebatadores, repletos de tipicidad. Son miles de referencias (alrededor de las cuatro mil) pero detrás de cada botella prevalece siempre una idéntica obsesión por las condiciones de conservación transporte y servicio. Este empeño por tratar cada botella como una pieza única responde al deseo de que todos los vinos puedan ser degustados sin perder un ápice de su esencia y, al mismo tiempo, se convierte también en la mejor manera de respetar el trabajo entusiasta de quienes los han elaborado.
La bodega es una pieza clave de Monvínic y espectacular por sus dimensiones y filosofía. Permanentemente refrigerada, está iluminada con fibra óptica para no alterar las condiciones de temperatura y toda ella se encuentra acristalada con vidrios oscuros que filtran la luz evitando destellos solares o de iluminación sobre las botellas. Tres grandes planchas de INOX dispuestas de maneras paralelas y recortadas circularmente con láser en diferentes diámetros, se convierten en un extraordinario y tecnológico botellero diseñado por Alfons Tost-Accions que permite a cada botella su espacio y aireación constante.
El autor de Monvínic, Sergi Ferrer-Salat, explica cuál ha sido el trabajo para poder lograr el amplio catálogo de vinos que componen su bodega y los baremos tenidos en cuenta para hacer esta selección: “El trabajo ha consistido en buscar un marchante de vino profesional en cada zona vinícola o cada país para poder trabajar en directo con ellos porqué son los que nos pueden dar mucha información en este ámbito ya que son como un intermediario entre el bodeguero y ellos. Gracias a ellos obtenemos información como cuáles son las mejores cosechas, etc. Ya que no podemos comprar en directo, agrupamos las compras con el marchante de cada zona o país. Los baremos para escoger los vinos los sacamos de la propia experiencia de los sumilleres de Monvínic y también se buscan en una base de datos que los sumilleres de Monvínic han creado gracias a las guías mundiales de vinos de los expertos de cada país y a partir de eso hacen un selección; también la selección procede de las catas a las que los sumilleres van asistiendo y su formación”.
A la pregunta sobre en qué medida se encuentra representado el sector vinícola español, Ferrer-Salat puntualiza: “Monvínic es un centro de divulgación de la cultura del vino y por ello están representados los vinos de todo el mundo. El vino español representa alrededor de un 10% de la bodega, y los vinos españoles están representados por zonas según el mismo criterio por el cual están representados el resto de vinos del mundo, siempre intentando que estén presentes los mejores vinos de cada región”. Además, al contrario de la tendencia actual de la mayoría de los restaurantes, Monvínic también ha hecho un destacado esfuerzo para ajustar los precios de los vinos que ofrece para que puedan estar al alcance de todos los bolsillos. Por otra parte, si bien es cierto que la política de la casa es tomarse el vino en la mesa, el acierto de poder llevarte el sobrante da la oportunidad de catar tu propia botella y poder llevártela.
El equipo
Acompañan a Sergi Ferrer- Salat en esta aventura un equipo humano que comparte plenamente su pasión por el vino y la ilusión por ayudar a difundir su cultura:
Isabelle Brunet: sumiller francesa, se subió al tren sin dudarlo cuando, hace cinco años, Ferrer-Salat le propuso acompañarle en este gran viaje. Antes había ejercido durante seis años como sumiller en restaurantes de la categoría de El Bulli y Lavinia, entre otros. Ha trabajado largo tiempo junto al legendario viticultor australiano Phillip Jones, alma mater de Bass Phillip, de donde proceden los Pinot Noir más complejos de Australia.
César Cánovas: es el sumiller español más laureado. Prueba de ello es que ha sido tres veces el mejor sumiller de España, además de conseguir un sexto y un décimo puestos respectivamente en los concursos de Mejor Sumiller de Europa y Mejor Sumiller del Mundo de la Association de la Sommelerie Internationale (ASI). Antes de su llegada a Monvínic hace un par de años, Cánovas ejercía sus dotes con el vino en el restaurante paterno, el Racó d’en Cesc, poseedor también de una de las cartas de vinos más interesantes de todo el estado.
Sergi de Meià: responsable del espacio culinario, fue jefe de cocina del clásico Reno durante tres años y, posteriormente, trabajó también durante otros tres años en L’Excellence de Andorra. Bajo su liderazgo, L’Excellence se convirtió en una referencia gastronómica ineludible en el país de los Pirineos. Su integración en el equipo de Monvínic responde a su empeño de que la gastronomía contribuya a potenciar la experiencia vínica.
La biblioteca
El primer espacio significativo y sorprendente con los que el cliente se encuentra al entrar en Monvínic es una pequeña y atractiva biblioteca con librerías de roble y paredes translúcidas de cristal color canela que acoge una extensa bibliografía especializada, una mesa de consultas y una pantalla táctil para manejarse con el extenso catálogo de referencias. Es un espacio pequeño y mágico, simple, cálido y natural donde los libros son los auténticos protagonistas. Al lado de la biblioteca, una pequeña sala de reuniones con singulares librerías destaca por sus paredes de vinilo negro en contraste con los fieltros verdes y amarillos de las sillas.
La biblioteca acoge en sus estantes de roble una completa y rigurosa selección de todos los libros, revistas, guías y catálogos de subastas que permiten explorar literalmente todas las áreas del conocimiento vínico. Un centro de documentación permanentemente actualizado que se convierte en una pieza clave del engranaje de Monvínic y que consta de cinco grandes apartados:
El ‘wine bar’
Un espacio versátil y flexible de Monvínic es el wine bar, el lugar, si cabe, más sociable del local. Ideal para estar sentado en taburetes en la barra o cómodamente en unos irresistibles sofás forrados de piel de potro, actúa como espacio aglutinador y distribuidor hacia las demás zonas de Monvínic. En el wine bar destaca la gran cubitera que, a modo de pecera iluminada con leds, alberga los vinos del día, una selección a cargo del equipo de sumilleres del local lleno de sorpresas y buenas sugerencias. Sergi Ferrer-Salat nos cuenta en qué consiste este espacio: “El equipo de Monvínic selecciona cada día alrededor de unas cincuenta botellas de vino de diferentes regiones del mundo y de diferentes precios que pueden ser consumidos en el wine bar por copas, flights o bien por botella”.
El espacio culinario
Casi como un laboratorio de diseño vanguardista con el color blanco como protagonista, el espacio culinario se encuentra al fondo del local. Todo en la sala está pensado para disfrutar del vino en cada uno de sus matices. Las pupilas responden a la luminosidad diáfana convertida en el escenario que tiene que acoger los rosados, negros y blancos de la inacabable carta de vinos. El espacio culinario, bajo la batuta de Sergi de Meià, es, al parecer de Ferrer-Salat, “un lugar de encuentro al servicio del vino y, como tal, desempeña una función irreemplazable para dar a conocer la bodega”. Un buen ejemplo de maridaje ya que “el vino siempre va con la comida que se presenta en Monvínic y la comida a su vez está para acompañar a los vinos”. En él podemos encontrar una cocina de raíces profundas que respeta el ser de cada producto, unos platos que sumergen al cliente en un recetario auténtico pero hábilmente puesto al día.
Se trata de una propuesta culinaria en esencia, amiga del vino, que invita a abrir botellas, a experimentar, conocer y dejarse llevar. Sobre si es difícil casar según qué platos con el vino, Ferrer-Salat lo tiene claro: “Siempre depende de la persona, del gusto de la persona y de lo que le apetece beber y comer en ese momento”. La carta de Monvínic tiene veinte platos y la carta de vinos supera los 2.500, así que las posibilidades son infinitas: “Siempre habrá algún vino que se podrá beber con cualquiera de los platos, y para esto están los sumilleres de Monvínic, que podrán sugerir a los comensales para cualquier duda que puedan tener”.
Todo en esta sala está pensado para disfrutar del vino en cada uno de sus matices. Alfons Tost, interiorista y diseñador también del restaurante Comerç24 de Carles Abellan, ha ideado dos únicas mesas de 6,5 metros que en realidad son como dos grandes lenguas blancas y pulcras con una cavidad refrigerada de acero inoxidable en el centro de cada una para conservar las botellas en seco y con la temperatura adecuada. Cada comensal, además, dispone de un punto de luz de fibra óptica insertada a su derecha en la mesa para poder observar de cerca su copa de vino sin someterlo al calor de las bombillas tradicionales. La carta gastronómica se proyecta en una pared blanca que funciona además como separador entre el comedor y el office y la cocina. Por otra parte, diferentes proyectores de luz cenital iluminan el espacio ocupado por el cliente, convirtiéndose en separadores inmateriales en las mesas y dejando en la penumbra el asiento vacío del ausente.
En lo que a vinos se refiere, además de vinos catalanes y españoles, se pueden encontrar pequeños tesoros llegados directamente de Francia, Australia, Italia, Suiza, Nueva Zelanda, Alemania, Estados Unidos, Inglaterra, Austria, Argentina, Sudáfrica, Portugal, Chile, Hungría e incluso de la India. La carta de vinos se muestra en soporte digital (tablet pc) para uso individual. Una pantalla portátil permite al cliente escoger el vino según distintos criterios de búsqueda: añada, tipo de uva, nombre del productor, zona geográfica y/o precio, que puede oscilar entre los 13 euros y los más de 5.000 según la variedad escogida. Las elaboraciones de Meià hacen el resto: calamares de playa con piñones salteados, pichón relleno con setas, y arroz con conejo de granja y cigalas, entre otras suculentas propuestas para los paladares más selectos.
Sala para catas, conferencias y presentaciones
Monvínic es un proyecto largamente planeado y llevado a cabo a conciencia. Es por eso que no le falta ni el más mínimo detalle. En un espacio como tal no podía faltar un ámbito dedicado exclusivamente a la pedagogía del vino. Un área de vanguardia para catas, conferencias y presentaciones habilitada con todas las comodidades y avances tecnológicos para obtener un provecho máximo de cada sesión. Esta sala, refugio para la curiosidad y el intercambio de conocimientos, ha sido tratada como una gran barrica. Tanto el suelo como el techo son amplios listones de roble envejecido y de acabado irregular que le confiere la sensación de pieza viva y natural. Está compuesta por una mesa de catas con pica, un equipo audiovisual de proyección y once mesas móviles para dos personas cada una adaptadas a las condiciones necesarias de las catas. Monvínic ofrecerá en ella un completo programa de actividades, orientado tanto a profesionales como connoisseurs, que contará con un amplísimo espectro de expertos en todos los sectores, tanto a nivel nacional como internacional. En consonancia con el espíritu abierto e inquieto reinante, las sesiones no versarán de forma exclusiva sobre todo lo que incide directamente con el vino: gente del mundo del arte y de la cultura acudirán regularmente para descubrir y compartir su afición por el mundo vitivinícola.
Con sus 500 metros cuadrados de forma rectangular, Monvínic se traduce en un cautivador viaje hacia las entrañas de la cultura vinícola. Este espacio ha sido concebido como un punto de encuentro para todos, desde los curiosos hasta los apasionados, aficionados o profesionales. Además, para quienes quieran contribuir a la causa, ser partícipes activos del proyecto y disfrutar de un sinfín de ventajas, se ha creado “Amigos de Monvínic”. Se trata de un club que, entre otros servicios, incluye el uso de la biblioteca, acceso preferencial a las catas, presentaciones y conferencias. Pero aún hay más: formar parte de él te permite recibir asesoramiento integral en la creación de bodegas particulares. Pensado para ser un proyecto vivo y flexible, Monvínic combina sus matices y propuestas que invitan a experimentar. Cristales translúcidos, filtraciones de luz y colores canela se combinan en este punto de encuentro ideal para inmiscuirse en el universo de la bebida de los gourmets y para sorprender incluso a los paladares más exquisitos
Judit Monclús
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