Agua beba quien vino no tenga
La bebida que ha sobrevivido a las civilizaciones, solemne para el sacerdote que bendice la misa de domingo, la que te alegra y cuida el corazón. La bebida infinita en colores y sabores, la de matices sutiles que van más allá de la experiencia gastronómica. Descorchar una botella de vino, es como celebrar la vida. Decantarla es invertir un instante para aumentar su placer. Tastarla es decir un sí a la complacencia. Saborearla es dar sentido a un tiempo. Sí, detrás de cada botella hay todo un ritual, que tiene como único fin la seducción. Supongo que ya se habrán dado cuenta de que soy una apasionada de esta bebida, que fui descubriendo con el tiempo, y nunca me ha dejado indiferente el sabor, el olor, la textura de una buena copa de vino. Tanto es así, que aunque no me sorprende que el consumo de vino haya bajado, creo que en momentos de crisis no hay que dejar de celebrar la vida, más bien al contrario, y puesto que el consumo del vino va muy ligado a la experiencia gastronómica, desde nuestro sector debemos luchar porque éste no decaiga.
Cierto es, que el vino es la segunda bebida más consumida en el canal Horeca, detrás de la cerveza. Cierto es, que desde que entró en vigor la ley de “tolerancia cero” y los consecuentes controles de alcoholemia, ha supuesto un freno al consumo de las bebidas alcohólicas. Cierto es, que el consumidor percibe el precio del vino elevado, impacto de la evolución de los precios en los pasados años. Como también es cierto, que el vino está dejando de ser referente en muchos momentos de consumo en la Hostelería, como comidas y aperitivos, debido a la crisis. Todo ello se explica y analiza en varios estudios y ponencias que se presentaron el 28 de mayo de 2009 fecha en la que se celebró ,en el salón de actos del MARM (Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, una Jornada sobre LA COMERCIALIZACIÓN DEL VINO EN LA RESTAURACIÓN, y que en este mismo número les ofrecemos en detalle. Bien, todo ello se debe a varios factores; en primer lugar, todos sabemos que la ley que regula el consumo del alcohol es una de las causas que más a desfavorecido el consumo del vino, principio de causa- efecto; una realidad a la cual no tengo nada que añadir, ya se habló demasiado en su día, pues sería un debate superfluo, un discurso vacio. Sin embargo, si hay motivos que merecen nuestra consideración, algunos derivados de la crisis y otros que han ganado peso y protagonismo debido a ella. Y nosotros como vendedores de vino que somos desde nuestros restaurantes, no podemos ignorar, pues tenemos que dar casi la misma importancia a la bebida que a la comida. Si el personal del restaurante tiene o debería tener la capacidad para aconsejar y sugerir al comensal una serie de platos en función del precio, gusto del cliente, momento del día, etc.…del mismo modo tendría que suceder con la bebida. Un dato importante que señalan los consumidores es el alto precio del vino, pero ello no tendría porque significar un obstáculo, pues cualquier restaurador que decide indagar en el mercado puede descubrir una oferta de vino de calidad a un precio ajustado, es cuestión de conocer bien el producto. Si bien, tiempo atrás podíamos limitar nuestra carta al desconocimiento y ofertar solo los vinos de moda y los archiconocidos, ahora es muy posible que no demos con la fórmula gastronómica de nuestro comensal. No hay nada mejor que descubrir un buen producto a un buen precio y si nuestro personal es responsable de este descubrimiento mucho mejor. Hay que hacer una buena lectura del entorno, los hábitos del cliente están cambiando: la experiencia gastronómica ya no pasa por tasar el precio al alza por el mejor producto, sino en pagar lo que el cliente considera un buen precio por un buen producto. Y el vino, puede ser un gran aliado en esta nueva etapa, en esta nueva experiencia gastronómica. No caigamos en el error de intentar obtener un margen desproporcionado con el vino, pues del mismo modo que intentamos ajustar el precio del plato, también debemos hacerlo con el vino, pues hay que apreciarlo como fruto del conjunto de nuestra elaboración.
Dos cosas hay que tener en cuenta desde nuestro sector, en cuanto a producto: la comida y la bebida, porque una la hagamos en casa no significa que sea más importante que la otra. Es mas, las características de una bebida como el vino ensalzan el sabor de cualquier plato, sencillo o sofisticado, ¿por qué perder valor por desconocimiento? Porqué no mejorar la nueva experiencia. Celebrar la vida a buen precio es posible. ¡Descorchemos más botellas!
Georgia Arnaus
Editora
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