La Hostelería. Un sector muy sensible al contagio de las crisis mediáticas
Un ciclón informativo arrasó la semana pasada con cualquier noticia que no tratase del virus de la gripe porcina, a excepción de la anunciada visita a España del presidente Nicolás Sarkozy acompañado de su adorable esposa. La sólida inmunidad de la clase política consiguió que su paso por nuestro país fuese tratado con la seriedad e importancia que merece todo líder político. Tuve que debatirme entre sí escribir "quién acompañaba a quién" en el feliz matrimonio Sarkozy o sí en el periplo de una semana moriríamos todos víctimas de una pandemia cósmica. Lástima que no fui lo suficiente hábil para relacionar ninguno de los dos temas con nuestro sector profesional, porque lo cierto es que despuntaban en interés y calidad informativa. Afortunadamente, una adecuada reflexión transcurrido el tiempo, me ayudó a sacarme la espinita clavada y comprender que de lo único que me había contagiado era de una “una gilipollitis aguda” que empezaba a debilitar sus síntomas. Y por supuesto, esta semana completamente sana de ideas, he comprobado que la “gilipollitis aguda” es desgraciadamente la auténtica pandemia.
Paradójicamente, hoy se me brinda la oportunidad perdida, puesto que ayer los restaurantes de Ciudad de México abrieron sus puertas tras 10 días de clausura debido a la sideral gripe porcina ,así como otras empresas de servicios. Los equipos de limpieza e higiene s e esforzaban con esmero para dejar libres del virus aquellos edificios y lugares públicos que han permanecido cerrados, para que, poco a poco, México recupere la normalidad y su lugar en el mapa. Aun así, ahora no toca ser irresponsables, hay que mantener la coherencia con las políticas empleadas para sobrellevar el trance del virus. Y en lo respecta a los restaurantes, uno de los sectores más sensibles a este tipo de crisis mediáticas, por llamarlas de algún modo, las estrictos requisitos de higiene y seguridad no son de fácil aplicación: solo permitirán el 50 por ciento de sus aforo; se ha establecido una distancia exacta de 2, 25 metros entre las personas con lo cual habrá que contralar la distancia entre las mesas. No habrá servicio de buffet solo de carta, el personal atenderá con las famosas mascarillas y sin corbata ya que se considera un foco viral, por no ser una prenda que se lave con asiduidad. No se compartirán aceiteras, salseras, ni ningún útil que normalmente es de uso compartido, y se invitará a todo cliente a lavarse las manos con gel antibacterial. Con todo, los restauradores mexicanos acatan las normas con resignación, pues el sector viene de un período muy castigado entre otras cosas por la crisis económica y la polémica ley antitabaco, que pasa de país a país donde se implanta, y obviamente prefieran trabajar a medio gas que mantener el local cerrado. Conscientes que dadas las restricciones perderán muchas ventas, en la próxima y popular festividad del Día de las Madres que se celebra el día 10 del mes actual.
Pues bien, estas son las medidas de seguridad e higiene que ha convenido la Secretaria de salud de México para que no se extienda más la veloz pandemia, que desde mi punto de vista se ha contagiado más por internet y los medios de comunicación que de forma material. Francamente me parecen un poco absurdas y muy difíciles de cumplir, pero, ¿cómo actuar ante una situación similar? Tras la alarma creada, por unos y por otros, aunque muchos son los expertos que comparan los efectos de la gripe porcina con una gripe normal ¿Quién se lo cree ahora? Es aquí donde se gesta, nace y coexiste el virus de la auténtica pandemia contra el que debemos vacunarnos con urgencia. Pues, los síntomas de la desinformación crean desconfianza, miedos absurdos, con lo cual dejan poco margen de actuación para gestionara cualquier crisis (sea o no de gravedad), restan libertad y fomentan la incertidumbre perjudicando a muchos sectores, entre ellos el nuestro. Leía en declaraciones de un médico especialista Marc Siegel: “Que la gripe porcina durará lo que dure en los medios de comunicación”. No lo sé, lo único que tengo claro, es que no quiero volverme a contagiar del virus de la “gilipollitis aguda”.
Georgia Arnaus
Editora
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