Editorial
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25-09-2008

¡La semana pasada fue la leche!

El panorama mundial está atrapado entre turbulencias, espeso, cuajado como la leche; artículo que ha unido a dos países geográficamente muy lejanos, por las diversas polémicas que ha suscitado. Por un lado, nos encontramos con un caso muy grave de crisis alimentaria en China, país que hasta no hace mucho saboreaba la victoria de los Juegos Olímpicos. Y por el otro, nos trasladamos a Suiza, una gran y pequeña patria donde transcurre una situación; ¿cómo podría denominarla?…abstracta es la palabra; gracias a las singulares e inéditas ideas del propietario y chef de un restaurante del lugar.

Pero, vayamos por partes, no adelantemos acontecimientos y volvamos a la gran China, país de los países en adelante. Tras su majestuosa exhibición patriótica en el sueño olímpico, ahora despierta a una realidad menos gloriosa, que según se dice mantuvo adormecida durante el periplo dorado que ofreció al mundo. Una nueva crisis alimentaría ensucia la buena imagen que el país se empeño en demostrar, en cuanto a la organización y las prioridades de la sociedad china. Muy atrás queda el orgullo mostrado por el país asiático en las pasadas Olimpiadas. Pues debido al fraude que en un principio empezó con la leche en polvo adulterada con melanina, un componente rico en nitrógeno que confunde a los detectores de proteínas y que provoca cálculos renales en los niños, hasta la fecha han muerto cuatro bebes y la cifra de afectados pasa por 13.000 bebés hospitalizados de un total de 58.000 víctimas. Lo peor del caso es que las primeras víctimas aparecieron en mayo, con lo cual, es muy posible que las autoridades y representantes políticos chinos pudieran, es más deberían, haber evitado la famosa crisis de “la mala leche”. Llegados a este punto, se abre el telón para dar paso al baile de las dimisiones, rodaran cabezas, pero las responsabilidad se halla en todas y en ninguna parte, como el omnipresente todopoderoso. Quizás las víctimas y la sociedad china sea capaz de comprender a sus autoridades, pues obcecados con el medallero olímpico, se olvidaron de las rutinas que conllevan sus labores y sin querer, por error, olvidaron los más importante: la salud y bienestar de sus comprometidos patriotas, que a fin de cuentas son los que mantienen el país y ganan las medallas. Es lo que se llama confundir urgencia con prioridad, concepto que actualmente está de moda entre el individuo de las sociedades más estresadas, y que no excluye a políticos y demás cargos de responsabilidad estatal.

Muy distinto es lo sucedido en Suiza, aunque sea otro caso relacionado con la leche, tiene otro matiz. Una situación que podríamos calificar, como bien he dicho al principio de abstracta o surrealista, puesto que no se me ocurren más adjetivos para calificar lo ocurrido: el propietario de un restaurante de este pequeño gran país, anda buscando madres lactantes para utilizar la leche materna en la elaboración de sus platos. Pero lo más gracioso del asunto, es que el osado cocinero, Hans locher, que así se llama, decidió publicar anuncios en la prensa con motivo de su inusual búsqueda, prometiendo una retribución a las mujeres donantes. Sus propias declaraciones, no tienen desperdicio: "Experimenté por primera vez con la leche materna cuando nació mi hijo. Se pueden obtener comidas realmente deliciosas con ella".
Un agujero legal sobre el uso de la leche materna para elaborar platos en locales comerciales, es el quebradero de cabeza de las autoridades sanitarias, puesto que los expertos en la ley no tienen nada claro si se puede prohibir o no dicha práctica.

La verdad es que existe un abismo entre ambos casos, unidos exclusivamente por la leche: mala leche en el caso de China y leche materna en el caso de Suiza. Lo que me lleva a hacer la siguiente reflexión: siempre hay algún iluminado con ganas de llamar la atención, lo preocupante y peligroso es cuando el iluminado no es una única persona sino el gobierno de todo un gran país.

Georgia Arnaus
Editora

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