Editorial
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10-07-2008

Tendencia: lo “verde” se refuerza en la restauración

La agricultura ecológica es un hecho, una clara tendencia que no tardará en consolidarse. Aquellos alimentos obtenidos de forma natural, sin abonos químicos, pesticidas y herbicidas, y que además se consiguen a través de un sistema de producción que respeta el medio ambiente, van ganando terreno y nunca mejor dicho. Las iniciativas que promueven este tipo de alimentos, se multiplican a la par que su peso y protagonismo mediático. Como es el caso de Andalucía, donde los restaurantes ecológicos han decidido agruparse bajo el sello creado por el Comité Andaluz de Agricultura Ecológica: “restauración ecológica” que garantiza el origen de los productos de su oferta de cara el cliente.

Para el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino es una asignatura pendiente, por lo que está contribuyendo de manera activa en su promoción. Solo hace falta entrar en su web para averiguar, cuan de seria es la propuesta y su determinación para fomentar la agricultura ecológica. Hace unos días participó en el acto de presentación de la Jornada “Agua y Alimento Sostenible” a cargo de AlimenTerra y Slow Food con la colaboración del MARM, que tuvo lugar en el marco de la Expo Zaragoza 2008. A la que también acudió el Chef Martín Berasategui en condición de promotor del alimento ecológico en la restauración colectiva.
El porqué de potenciar los productos ecológicos, se halla, por un lado, en la salubridad, la calidad organoléptica y nutritiva de dichos productos y, por el otro, en la aportación positiva al medio ambiente resultado de su sistema de producción, pues por lo visto, al consumir menor cantidad de agua emite menos gases de efecto invernadero; una gran alternativa para producir alimentos y frenar el fenómeno del cambio climático. Todo ello, posiciona a la agricultura ecológica y, en consecuencia, a los “restaurantes ecológicos” como una de las tendencias gastronómicas en auge, se podría incluso decir que es su “gran momento”, pues su razón de ser no se basa en una moda pasajera, sino en una necesidad más que demostrada por los consumidores, que prefieren y eligen una dieta sana, rica y sabrosa, al tiempo que respuetuosa con el medio ambiente.
Sin embargo, no hay que descuidar un factor importante: su precio. Los costes de la producción ecológica son superiores a los de la convencional: debido entre otras cosas, a la escasez de canales de comercialización propios y su alto precio de distribución por su, hasta ahora, bajo consumo. En este sentido, me parece interesante mencionar un dato obtenido en un estudio realizado recientemente por “Havas Media” en 9 países, sobre la actitud de los consumidores hacia el cambio climático; al parecer “el 94% de los españoles compraría productos ecológicos pero solo un 38% pagaría más por ellos”. El estudio también refleja una gran preocupación de los españoles ante el cambio climático, pero un alto porcentaje considera que es el gobierno el que debe poner freno a tal fenómeno.

Con ello, no estoy diciendo que no exista un colectivo más altruista y cooperante a nivel individual con esta cuestión. Pero sí, que hay que tener muy presente el porqué un cliente escoge un restaurante o un producto de agricultura ecológica, que factor o factores determinan tal decisión. Existe una alta predisposición por parte de los españoles, una marcada preocupación por su salud y bienestar para la larga vida que les espera. Salvar la barrera del precio haciendo hincapié en las características y beneficios que los alimentos ecológicos tienen para la salud, es a ciencia cierta la mejor línea argumental, una gran motivación para los clientes. Pues suelen ser más generosos cuando se trata de un tema tan serio como es su salud y la de sus seres queridos, es algo que afecta directamente a su calidad de vida. Sin olvidar que para aquel colectivo, cada vez más elevado, concienciado y solidarizado con los problemas de la madre tierra, las consecuencias positivas del sistema de producción de la agricultura ecológica es un argumento más que suficiente para escoger un sabroso, sano y respetuoso alimento ecológico, aunque ello signifique pagar un poco más por un plato.


Georgia Arnaus
Editora

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