Editorial
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03-07-2008

El Big Mac real - La nueva especialidad gastronómica del Castillo de Widnsor

Curiosa noticia, la publicada hace unos días por el diario Británico “The Sun” y de la que se hacía eco el diario 20 minutos. Con el titular “Burger Queen” la publicación inglesa informaba de la reciente adquisición de la monarca, que no pasa por ningún nuevo territorio para la ampliación del Imperio, ni tampoco con otro gran castillo que añadir a la colección de la corona británica, sino que su excelencia la reina Isabel II de Inglaterra es dueña y señora de un local de McDonald's. Así es como lo cuentan en este periódico, conocido en el mundo entero por su particular enfoque sensacionalista, y en el que no han dudado en ilustrar la noticia con una cómica fotografía, producto de un fotomontaje, en el que la reina aparece vestida con una gorra roja, simulando a una dependienta de McDonald's.

Ahora bien, según las declaraciones de un representante de McDonald's, “están encantados con la elección de la reina” haciendo referencia a que no haya escogido a la competencia, pero se lamentan de que en el caso que su majestad decida ir a buscar una hamburguesa a su nuevo establecimiento, no podrá hacerlo en el Rolls – Ryce, puesto que el coche oficial es demasiado amplio para la entrada de acceso al local, habilitada para que los automovilistas recojan su pedido sin necesidad de bajar del coche. Lo cual podría interpretarse como una invitación a la dueña del establecimiento y reina de su país, a que coja otro vehículo ¿Qué imagen daría la soberana, si ante los ojos de una plebe cómodamente sentada en sus confortables asientos y expectante a que llegue su deliciosa hamburguesa, su majestad Isabel II de Inglaterra se bajará del coche para recogerla ella misma? Es una cuestión de jerarquía social, hay que salvaguardar la posición. Frente a tal serio problema, se me ocurre que como el local está muy cerca del Castillo de Windsor, siempre podría ir el príncipe Carlos al galope, aprovechando un descanso de un partido de polo. Pero me temo que tampoco es una gran idea, porque según otra fuente de McDonald's, en el supuesto que a la monarca se le ocurriera ir paseando a buscar la apetitosa hamburguesa, haciendo gala de su talante más mundano, no podría entrar con sus cuatro perros corgis, teniendo en cuenta que en el establecimiento no se admiten animales. No puedo imaginar la expresión de sufrimiento de los cuatro animalitos al creer que su dueña los ha abandonado a las puertas de un McDonald's; hay que recordar que los perros también se deprimen, por muy reales que estos sean. Quizás la mejor opción sería que su nuera Camilla, en un estratégico plan de acercamiento hacia su honorable suegra, se ofrezca para ir a buscar la caprichosa hamburguesa de la reina, con un coche oficial más pequeño y renunciando a la grata compañía de los animales; sacrificio que como mínimo le valdría para disfrutar del servicio como cualquier inglés de a pie, ni más ni menos.

Menudos problemas tendría la monarquía inglesa dada la hipótesis. Pero, lo cierto es que, el Crown Estate, que reúne los bienes raíces de la corona británica, ha invertido 92 millones de libras (116 millones de euros) en un complejo comercial en la localidad de Slough, al cual pertenece el “famoso” McDonald's. Con lo cual, de momento los miembros del Gremio de Restauración Británico y todas las organizaciones de Hostelería y Restauración, no tienen que temer ante la entrada de un nuevo e ilustre socio, al que deberían dirigirse con algo más que una exquisita educación. Y en el caso de llevar la contraria a su majestad, habría que hacerlo con rigidez protocolaria. No es recomendable estar en desacuerdo con la monarquía. Aunque mirando el lado bueno, el primer ministro y el Parlamento inglés, bien se cuidarían de no crear leyes que perjudicaran a la Hostelería inglesa.

Georgia Arnaus
Editora

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