Editorial
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15-07-2010

Ganar por ganar no es una victoria

Llego tarde para comentar la histórica victoria de la selección española. Ya se ha dicho todo y más de lo que se podía decir. Ahora bien, no hablar de ello sería como enajenarme de la actualidad, así que como mínimo intentaré explicar algo interesante, otra cosa es que lo logre. Dicen que el deporte es como la vida misma, aunque emocionalmente mucho más rápido. El mundial de fútbol ha durado justo un mes, pero la descarga de emociones de los jugadores, aficionados y simpatizantes casi que se corresponde a una vida; un periodo efímero emocionalmente eterno. Si fuésemos capaces de trasladar la motivación deportiva a otras profesiones, estoy segura de que el ser humano no sería tan gris. Con ello vengo a decir que es posible trabajar y sentir a la vez.

Recuerdo un eslogan, pero no recuerdo ni la marca ni el evento deportivo, que decía: “En la vida como en el deporte”, más o menos. ¡Ojala pudiéramos tomarnos nuestros quehaceres cotidianos con la misma pasión! Seriamos extraordinarios…En cuanto a la imposibilidad de tal propósito, si podríamos tomar ejemplo del carácter deportivo. Está claro que en cualquier competición deportiva el objetivo final es ganar, pero… ¿Ganar para qué? Ganar por el placer de ganar, ganar para sentir que somos los mejores, sería una lectura incompleta del mismo objetivo. En un deporte, y sobre todo en uno de equipo, hay otras muchas razones por las que ganar. En un mismo partido se puede tocar el cielo y bajar al infierno, de un minuto a otro pasan de la gloria a la derrota, existe una gran presión y no solo hacia ellos, sino para con los demás. No todo el mundo sabe ganar comporta un gran sufrimiento que sería imposible de sobrellevar sin un fuerte compañerismo, prueba de ello lo sucedido en la selección francesa. Pues existe un elemento emocional muy valioso en la acción de ganar y éste es la generosidad, el compartir la victoria con todos. Un restaurante también es un equipo, que quizás no tenga objetivos tan altos, ni ambiciosos y tampoco sienta la adoración de la gente al pasar. Pero el objetivo es el mismo: ganar. Ganar en su territorio, y… ¿Ganar para qué? No hay trofeos, ni medallas, ni reconocimientos, ni siquiera equipo contrario… Es la satisfacción de un cliente el trofeo que podemos llevarnos a diario; él, es el que otorga medallas y da los reconocimientos, su visita nos concede jugar cada día un gran partido….Y que mejor sector para poner en práctica la generosidad de ganar que el nuestro, aquel que lleva intrínseco el carácter de la complacencia. España ha conseguido una victoria histórica en el mundo del futbol, una maravilla en honor al compañerismo. En un partido, lo habitual es que si un jugador ha hecho un mal pase su compañero intente salvar la pelota, pues en un restaurante si el chef se equivoca el camarero tiene la obligación de disculparle e intentar salvar el balón. Eso es saber trabajar en equipo por la generosidad de ganar.

Holanda se equivocó, se engaño a sí misma, no se centró en su juego ni en el equipo, egoístamente solo pensó el puñetero trofeo. Podría haber sido una derrota digna si hubiese jugado al fútbol, e incluso podrían haber ganado (menos mal que no lo hizo). Uno no puede levantarse cada mañana para ir trabajar solo pensando en la puñetera nómina. Entonces dónde queda la dignidad hacia uno mismo, la responsabilidad hacia los demás; si es así, hay que reconocer que nos hemos equivocado en algo fundamental y ya no sabemos ganar, ni entendemos la generosidad que implica. Es la magnífica actitud del deporte trabajar y sentir. Es lo que ha hecho la selección española saber ganar el mundial dando una lección magistral de generosidad.

Georgia Arnaus
Editora

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