Editorial
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08-07-2010

Hay que aprender a mezclar lo profesional con lo personal

Como siempre que voy a una convención, tipo la de la semana pasada, el seminario de profesores de cocina de Escuelas de Hostelería, suelo llegar con muchas ideas y pensamientos para futuros editoriales. Pero es curioso que antes de acudir a la cita, escribí un editorial acerca de lo que significaba ser chef y en el mismo seminario pude comprobar que para profesionales y formadores del sector es una importante pregunta de muy difícil respuesta. En los tiempos que corren hallar una sola respuesta sería utópico pues las profesiones se han sofisticado sobremanera al igual que nuestra forma de vida. Pero en este, dícese positivo desarrollo, es donde hemos perdido algo por el camino que nos va a ser muy difícil recuperar si no actuamos en consecuencia y con rapidez.

Salió a relucir en el debate del seminario al igual que es tema de tertulia en la mesa de un bar; se trata de la vocación, inspiración, inclinación especial hacia una profesión o carrera, o como quieran llamarlo. En qué momento de nuestra dinámica, yo diría acelerada evolución profesional la hemos perdido, lo desconozco. Y me pregunto qué puesto ocupa en la lista de prioridades de un joven a la hora de escoger una profesión; podría estar detrás del dinero, la fama, la vanidad, o el genio y figura. ¡Un justito quinto puesto! cuando no hace tanto era posible que ocupara el primer lugar. Sobre todo para aquellos afortunados que nacen con vocación, pues el don de poseerla no está al alcance de todos, pero si la posibilidad de trasmitir la positiva actitud. Existe una frase hecha, a modo de eslogan muy popularizada en el entorno laboral que bajo mi punto de vista vendría a ser la máxima expresión de esta gran pérdida: “No hay que mezclar lo profesional con lo personal”, ¡que peligrosa la frasecita!!! Sí, aquella que repetimos como loritos cuando iniciamos nuestra carrera cual proverbio y que sin darnos cuenta nos distancia de lo que realmente significa la actitud vocacional. Sólo hace falta mirar hacia las tripas de nuestro sector: cuántas sagas familiares existen, restaurantes que han pasado de padres a hijos, ¿creen ustedes que aquellas empresas se fundaron y se mantienen por no mezclar lo profesional con lo personal? Rotundamente no, han sido verdaderos maestros de la actitud vocacional, transmitiéndola cuidadosamente de generación en generación para que aquellos negocios continúen a día de hoy con un gran futuro por delante. Enseñando un estilo de vida que mezcla los dos ámbitos y encontrando el equilibrio entre ambos, garantía de que el gran esfuerzo no ha sido en vano.

Como ven la famosa frase, “no hay que mezclar lo personal con lo profesional” en su amplio significado, tiene trampa, y el que la dijo olvidó un pequeño detalle: somos personas que nos formamos para trabajar, no profesionales que con el tiempo nos convertimos en personas, y aunque en apariencia pueda parecer lo contrario es un absurdo espejismo que a algunos se les antoja real. Por lo tanto, el orden de los factores en este caso sí que altera el producto. A día de hoy sí realmente queremos recuperar los valores perdidos, uno de ellos la vocación, tendremos que empezar por reforzar la actitud vocacional en la joven personalidad de nuestros futuros profesionales, y no convertirlos en simples ejecutores de tareas, que han aterrizado en este sector, como podrían haberlo hecho en otro. Pues se estrellaran nada más despegar. El encanto de una profesión se mide a nivel personal y con el tiempo; logremos que el desencanto no llegue nunca. Así pues, tendremos que volver a aprender a mezclar lo personal con lo profesional para recuperar un valor tan notable en la historia de la restauración, que no hemos sabido conservar en el presente. Una gran responsabilidad para el futuro, que recae tanto en los que enseñan como en los que emplean.

Georgia Arnaus
editora

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