Editorial
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22-04-2010

Un paseo por la nube

Una nube de cenizas y polvo se ha posado sobre el continente europeo; un volcán que persiste sobre su peligrosa existencia ha mantenido durante seis largos días al viejo y curtido territorio fuera del panorama aéreo. Muchas historias por contar, miles de personas atrapadas en los aeropuertos, en ciudades foráneas en las que ya no había más que hacer, albergadas en rincones ajenos, atrapadas en la planificación y severidad del propio sistema, a la espera que la erosión de un volcán que cuenta con el viento a favor les devuelva a su frenética rutina para acabar con su desesperada estancia. La tierra se queja reclama su posición frente a la que, los que habitamos en ella, le hemos dado. Esto es lo que ocurre cuando el mundo evoluciona al margen de la fuerzas de la naturaleza. Así pues, ¿qué hacer frente a tal contratiempo?

En un principio, cuando el tema se nos antojo efímero, pensé en la cantidad de restauradores europeos que iban a” hacer el agosto”, con los pasajeros retenidos en cualquier aeropuerto del continente. Pero debo decir que a medida que iban pasando los días la idea no me parecía acertada, pues una vez cerrados los aeropuertos de media Europa el negocio era un supuesto y la idea más bien mezquina. Tras las queja de usuarios y empresas buscando la responsabilidad sobre lo ocurrido, ¿quién pagará el tiempo perdido, las estancias obligadas, los retornos improvisados y los pasajes no vendidos?, ¿los gobiernos que han pecado de precavidos dando más valor a las personas que al euro o iremos mucho más lejos y pediremos explicaciones a la madre naturaleza, quizás? Escuchando a un periodista que afirmaba que después de la experiencia sufrida si esto volviera a ocurrir ya estaríamos preparados, desperté… Creo que ya tengo la respuesta, creo que puestos a innovar, el término de moda que nos sacará de cualquier crisis, la próxima vez podríamos plantar todos nuestros negocios literalmente en el aire, por encima de la nube a ver si la fuerza de la gravedad es capaz de desafiarnos. Pues si la tierra no sigue nuestro ritmo de vida tendremos que estar por encima de ella, así no habrá nube, ni volcán capaz de amenazar nuestra actividad vital. ¡Imaginen el juego que daría a nuestro sector la experiencia cosmogastronómica, no tendría precio! El lanzarse desde el aire para degustar un menú en esencia mediterráneo mientras caes al vacio formando parte de la gran nube de cenizas y polvo... Pero como ya he dicho hay que salvar nuestra actividad vital: la económica. Por lo tanto todos aquellos científicos, geniecillos que disciernen la vida desde la superioridad del intelecto y que se precien como profesionales deben ponerse las pilas para demostrar al planeta que el hombre está aquí y que más allá de habitar en él respetando sus malos humos, dominamos su territorio en pro a nuestros beneficios.

En época antigua cuando la naturaleza demostraba su fuerza descomunal los hombres pedían perdón a los Dioses realizando un sacrificio humano, a día de hoy el ser humano ha desarrollado tal actitud prepotente y esta tan ensimismado en un mundo ficticio al límite de lo imposible como para pedir explicaciones sobre la erosión de un volcán, y los perjuicios que haya podido provocar en su autómata existencia. No creo que tengamos que llegar a ceremonias funestas, ni adoraciones tan lúgubres, en algo hemos evolucionado, pero si bien hemos considerado el factor económico como la salida hacia casi todo, deberíamos empezar a priorizar cuales son realmente nuestras necesidades vitales. En ocasiones pensar más allá del dinero, que nos absorbe en la irremediable esclavitud moderna, no nos haría ningún mal yo diría que todo lo contrario.

Georgia Arnaus
Editora

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