Impuesto: C.R.I.S.I.S
Les invito a imaginar, a vivir un sueño: una playa onírica en una isla remota, a una distancia que los problemas no pueden llegar a alcanzar; la arena es fina y blanca como el azúcar, y el agua tan límpida que apenas se distingue la orilla. Sobre la arena, preside la playa un restaurante, y como el sueño es mío la propietaria soy yo. Me encuentro tras una barra y llevo puesto un delantal, hay gente sentada alrededor de las mesas con escasa indumentaria y rasgos comunes entre sí, parecen isleños; ríen, hablan, beben y comen. Un continuo ir y venir de canoas con clientes procedentes del archipiélago que vienen dispuestos a comer y a vivir la experiencia. La luz juega con el mar, la brisa con el afable hablar de los nativos. El ambiente distendido me cautiva, yo diría que soy casi feliz… De repente, un terrible estruendo, el sonido de una lancha motora que se aproxima a toda velocidad; puedo distinguir unas enormes aletas de tiburón que la preceden, los escualos abren paso a los forasteros, conforman su escolta. Los tripulantes visten elegantes trajes de chaqueta y gafas de sol; firmes, situados en proa examinan con detalle el lugar. Atracan en la orilla, y ante la atenta mirada de los allí presentes, se lanzan del barco dando un espectacular salto al vacío con voltereta incluida en el aire, aterrizando en el restaurante como auténticos trapecistas. Estupefactos ante los extraños, e interpretamos que superiores seres, el temor se generaliza. Los nativos contemplan desconcertados. Pero muy al contrario de lo que pudiera aparentar los recién llegados, traen un mensaje de paz y cordialidad, dicen haber venido para salvarnos, pues ya no quedan tesoros en las profundidades del mar y nuestra supervivencia está en peligro.
Tendemos la mano a los cinco desconocidos. Los tiburones rompen filas y permanecen en la orilla del mar; una gran tormenta descarga en la isla. Bajo la lluvia perenne, uno de ellos, un hombre de mediana edad con rasgos fuertes, nos organiza laboralmente. Una mujer de mirada fría y peinado inmóvil nos informa de la situación: la mala economía que padecen las islas del archipiélago. Con su traje de chaqueta impoluto, se prepara para sumergirse en alta mar; dice cumplir su misión: buscar los tesoros perdidos. Un segundo hombre entrado en edad a juzgar por su calvicie, no hace más que pasearse con la atronadora embarcación por las islas vecinas, escoltado por sus fieles mascotas. Una segunda mujer, que envejece por minutos, parece coordinar la operación. Y un risueño, tercer hombre, toma caipiriñas a la orilla del mar, mientras nos promete que los tesoros no tardarán en llegar, pero que debemos sufragar su ayuda pagando un impuesto llamado C.R.I.S.I.S (Contribución Razonable de Inevitable Sumisión para la Inmediata Salida). El mal tiempo pasa despacio en la isla; ya estamos más que organizados laboralmente trabajamos más horas que un reloj y pagamos religiosamente el impuesto, para que la mujer del peinado inmóvil deje de hacer submarinismo y pise tierra firme con lo prometido. Un día, tal pingüino sale disparada del mar como un proyectil, repeinada y con el traje completamente seco. Los cinco se reúnen en privado, pero la acústica de la isla es extraordinaria. Los que estamos en el restaurante escuchamos su conversación. La que ha salido del mar les comunica que los tesoros están a más profundidad de lo que en un primer momento habían previsto. El que surca los mares en compañía de sus inseparables amigos, dice que la isla vecina ha bajado el impuesto C.R.I.S.I.S, puesto que están más provistos de tesoros en su costa. El que nos ha mal organizado laboralmente, advierte de la poca paciencia de la población. Y la mujer que envejece ya por segundos, advierte de la poca que le queda a ella. Mientras aquel que bebe caipiriñas a la orilla del mar, transmite sus incesantes ensoñaciones, consigue calmarlos y toma las riendas de la situación. Convoca una reunión con nosotros, la población de la isla; comparece presumiendo de buen talante, arqueando sus cejas como gesto de confianza, para comunicarnos las malas y nuevas noticias, nos dice que no desesperemos que lo prometido está por llegar pero que se ve obligado a incrementar el impuesto C.R.I.S.I.S. para subvencionar su aventura; salvar nuestra isla y encontrar los tesoros cada vez más perdidos en las profundidades del océano.
Los clientes ya no vienen a mi restaurante. Nuestra isla ha perdido su alegría, los nativos ya no llegan en canoa; los tiburones forman filas en el mar y la borrasca forma parte de nuestro actual microclima. Así que visitan la isla vecina donde los delfines habitan en la orilla, el sol luce con esplendor y los precios son más baratos… De repente empiezo a moverme inquieta, un sudor frio me ayuda a despertar y me doy cuenta de que mi sueño se ha convertido en una desagradable pesadilla… El I.V.A!!
P.D. Cualquier parecido de los personajes del sueño con los miembros del Gobierno, es fruto de la mera casualidad.
Georgia Arnaus
Editora
Los establecimientos hosteleros riojanos se implican en el V Concurso de Pinchos Ciudad de Nájera.
06-09-2010
Vending Paris, cita obligada para conocer las tendencias del sector.
06-09-2010
La Mafia se sienta a la Mesa informatiza sus restaurantes.
06-09-2010
México tienta con alimentos orgánicos a los gourmets de Europa y EE.UU.
06-09-2010
El txakoli despierta en el país del té.
06-09-2010
Cerca de 60 productores competirán en el Concurso de Quesos de Ordizia.
06-09-2010
Los Adrià calientan fogones en Barcelona.
06-09-2010
Los chiringuitos andaluces terminan un verano.
06-09-2010
La hostelería cuenta con cerca de 25.000 trabajadores más.
06-09-2010