Editorial
Editorial
08-01-2010

La Camarera impasible

Se acabó la Navidad pero desde gestionrestaurantes.com seguimos de celebración, pues iniciamos el año 2010 con la publicación del nº 100. No hay mejor manera de empezar!!! Un centenar de números. Y puesto que no nos ha tocado ni el gordo, ni el flaco, ni el niño, ni el veterano, y Santa Claus tampoco es que haya sido espléndido y los Reyes más bien estrechos, por aquello del ahorro, no vaya a ser que el año que viene no haya para repartir. Nosotros celebramos la publicación número 100 que consolida el trabajo bien hecho. Y precisamente de ello quisiera hablarles. Qué fácil es hablar de trabajo bien hecho y que difícil resulta que sea cierto…

Hace dos semanas aproximadamente, en plenas compras navideñas en el fervor de contar euros, hice un descanso para comer y repasar uno a uno los regalos que me faltaban y los euros que podía gastarme. Me senté en un local donde sabía que me servirían rápido y comería bien. Me atendía una chica de nombre Cristina, alias la impasible. No importaba la noticia que te diera buena o mala, su rictus se mantenía fiel a no revelar ni una pista, inmutable, ni siquiera una mueca que acompañase a lo dicho que el comensal, en ese caso yo, encontraría hasta generosa, complaciente. Tensión, ante aquella mirada de autómata, mientras le pedía una ensalada César. Su única finalidad era traerme la comida rápido, cobrarme rápido, y remontar la mesa rápido, sin disimular. Aquella muchacha, me recordó de inmediato, sin lugar a dudas por las fechas en las que nos encontrábamos y por el objetivo de aquella tarde, a la muñeca Rosaura. Es posible que no la recuerden o que quizás jamás hayan oído hablar de ella. Era la muñeca de moda cuando era niña, la muñeca que todas querían y pedían por Navidad. Una muñeca enorme casi tamaño niña natural, que cuando le estirabas del pelo le crecía sin límite; melenas y melenas de pelo salían de aquella cabeza que imagino tendría enrolladas por todo su cuerpo y cuando querías recogérselo, enroscabas una enrome rueda que tenía en la nuca hasta guardar todo aquel cabello de amazona. Rosaura, alias androide, tenía la mirada fría, calculadora, la muñeca que todas pedían por Navidad pero que al llegar la noche deseaban no haber recibido. Nunca pedí el gran juguete, y después de verla al natural, juré que jamás pediría la tremenda muñeca por mucho pelo que tuviese. Pues no era una muñeca tierna, su único objetivo, su finalidad era soltarse el pelo, que por otra parte jamás se acababa y tardabas un lustro en volver a guardar…A mi me gustaban las muñecas con cara de muñeca. ¿Para qué quería una muñeca tan grande si lo único que importaba era su pelo? Eso mismo pensé de aquella “apática camarera” algunos podrían llegar a pensar que lo hacía bien, pues era rápida y se movía mucho, pero desde aquí les puedo afirmar que hacia mal su trabajo, seguramente remontaría muchas mesas, pero sacrificando la hospitalidad, la atención al cliente, hasta su propia profesionalidad pues no tenía claro que el papel que desempeñaba era de camarera no de espanta clientes: el ambiente del local estaba cargado, se respiraba aquella desagradable sensación que siente el comensal cuando le dan prisa. Su único objetivo, su finalidad era despachar rápido al cliente ¿Quién quiere que le sirva una camarera que lo único que le importa es que el cliente se marche?

En mi opinión, ahí está la diferencia entre hacer bien o mal el trabajo, puedes ser eficiente, puedes cumplir con un objetivo pero jamás olvidar el todo que confiere una profesión. Es entonces cuando pasas de ser un buen profesional a convertirte en todo lo contrario.

Georgia Arnaus
Editora

Suscríbete a Gestión Restaurantes

Una publicación de Plattis Yelos 2004 SL, 2010
Información Legal | Acerca de Gestión de Restaurantes | Contacto | Contratar publicidad | Sugerencias